La piel tiene memoria. ¿Te acuerdas de cuidarla?

Se avecina la temporada de calor. El sol brilla fuerte y todos queremos lucir un perfecto bronceado en el menor tiempo posible. Sin embargo, en muchas ocasiones lo hacemos de una manera precipitada y completamente equivocada. Una de las consecuencias más directas de no tomar las prevenciones necesarias es el cáncer de piel. ¿Suena fuerte, verdad? Pero tenemos buenas noticias. Con un buen cuidado de tu capa externa, podrás prevenir las enfermedades cutáneas y lucir una piel perfecta, además de evitar un envejecimiento precoz de tu piel.

Para entender qué es el cáncer de piel debemos saber qué es la piel. La piel es un órgano que nos hace de barrera frente a las infecciones, evita la deshidratación, regula la temperatura corporal, protege de los rayos ultravioleta (UV) y nos ayuda a producir vitamina D. En ella existen tres capas: la epidermis, la dermis y la hipodermis con tres células fundamentales, escamosas, basales y melanocitos.

Es en la epidermis –la capa más superficial-, donde se van a producir las lesiones que pueden degenerar en cáncer de piel. De los cánceres de piel, solo el 2 por ciento son melanomas pero son los que causan la mayoría de las muertes. Cada año aumentan los casos de melanomas y según la OMS, cada año se diagnostican 5.000 nuevos casos de cáncer de piel en España.

No obstante, hay factores de riesgo que podemos prevenir y así ayudar a que este tipo de enfermedades no se desarrollen en nuestra piel.

Factores de riesgo

  • Exposición excesiva a los rayos ultravioleta, sobre todo al sol, aunque también es un riesgo la exposición a lámparas o cabinas bronceadoras. Dependerá del grado y tiempo de exposición, de la intensidad de la luz y de si usamos protección o no.
  • Exposición a determinados productos químicos como el arsénico, brea…
  • Las personas con piel muy blanca (rubios, albinos, pelirrojos) tienen mucho más riesgo.
  • Los lunares normales: son manchas de color marrón más o menos intenso que no varían, incluso se puede nacer con ellos. Casi todos los lunares no tienen consecuencias. Pero hay que reconocer los cambios que se pueden producir en ellos y sospechar el desarrollo de un melanoma:
    • Aparición de llagas o úlceras que no cicatrizan sobre los lunares.
    • Enrojecimiento o inflamación por fuera de la lesión.
    • Picor, aumento de sensibilidad, dolor, sangrado, descamación…

Diagnóstico

Para hacernos un buen diagnóstico casero es preciso advertir la conocida como regla “ABCDE”. Si observas algún cambio en tu piel, lo importante es consultar con el médico especialista en Dermatología.

  • A – Asimetría de la lesión (si lo dividimos en dos partes y ambas partes son diferentes)
  • B – Bordes irregulares
  • C – Color; si no es uniforme o puede tener varios colores (si tiene más de dos colores, vigilarlo)
  • D – Diámetro (vigilar los que son iguales o superiores a 7 mm)
  • E – Evoluciona (cambiando de tamaño, forma, color, etc.)

Prevención

Para prevenir que esto ocurra, es preciso tomar algunas medidas:

  • Evitar exponerse al sol y a otras fuentes de luz UV como cabinas bronceadoras. Ponerse a la sombra, sobre todo a los niños, que son más sensibles. Evitar las horas de mediodía, que es cuando la luz ultravioleta es más intensa.
  • Protegerse con ropa, gafas y sombreros. Recordemos que los lugares más frecuentes de aparición de tumores malignos son cara, escote y cuero cabelludo.
  • Usar cremas de protección solar, especialmente si se tiene la piel clara y nos quemamos fácilmente. La aplicaremos antes de la exposición y en todas las zonas expuestas. Aunque haya nubes, hay que protegerse con crema, pues los rayos UV las atraviesan. Si estamos en la playa y nos bañamos habrá que repetir la aplicación después del baño.

Así que ya lo sabes: debes cuidar tu piel y ella cuidará de ti. No seas tú el que no lo haga.

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Sobre el Autor: Monserrat Vallés Anzano

Monserrat Vallés Anzano

Coordinadora de Área Medicina del Trabajo Dirección Regional Aragón La Rioja y Soria

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